El 21 de septiembre de 2002, vecinas y vecinos del barrio de Floresta se
autoconvocaron con la idea de formar un grupo de teatro comunitario y callejero.
Era el año siguiente a la crisis de 2001. No tenían local, así que empezaron a
ensayar en una plaza.
«Queríamos contar historias que rescaten nuestra memoria con un lenguaje
teatral propio, con el fin de llevar nuestra presencia allí donde sea requerida,
aportando de ese modo nuestro granito de arena al entramado de una cultura
participativa y solidaria.»
Un año después, el 13 de septiembre de 2003, debutaron en la Plaza Monte Castro
con su propia versión de El Gigante Amapolas, de Juan Bautista Alberdi.
Desde entonces se presentaron, sin interrumpirse, en plazas, parques, galpones,
centros culturales, merenderos, escuelas públicas, fábricas recuperadas, asambleas
vecinales, hogares y un ex centro clandestino de detención.
Por qué «Épico»
El nombre no es decorativo, y lo explicaron por escrito. «Como el teatro
comunitario es numeroso en cuanto a sus integrantes, en la temática de sus obras
siempre aparece el nosotros, lo épico, tanto en la comedia como en la
tragedia. Nunca el drama psicológico.» Lo propio del teatro épico, decían, «no es
reproducir, sino descubrir los estados de cosas»: no se muestra a los héroes en su
aspecto individual y anecdótico, sino la trama social e histórica en la que están
metidos. De ahí las canciones que interrumpen la acción, los carteles, los coros.
Para que el espectador no acepte el escenario como ilusión y despierte «a una actitud
crítica racional frente a lo actuado».
Autogestión
«Dado que el teatro comunitario es autoconvocado y autogestivo, genera sus propios
recursos y apoyos, siempre indelegables, manteniendo su libertad e independencia. No
puede ni debe ser estatal, aunque sí debe estar incentivado culturalmente y apoyado
económicamente desde el Estado.»
Puertas abiertas
«Quien se acerca, inmediatamente se incorpora al elenco. El grupo nunca está
cerrado, definido totalmente, sino en constante renovación y circulación.» Su carácter
era amateur, «o sea por amor a lo que se hace». El elenco iba de chicos de ocho años
a vecinos jubilados. En 2004 una crónica contó más de sesenta actores y colaboradores;
en sus años de mayor actividad, más de cuarenta vecinos estables.
El espacio público como escenario
«Si la gente no va al teatro, nosotros tenemos que ir hacia la gente.» Y en la
descripción que hicieron de su propio territorio de trabajo: «escuelas, centros
culturales, villas, hogares de menores, plazas de la ciudad y de la Provincia de
Buenos Aires, y donde se requiera nuestra presencia».
Quiénes eran, dicho por ellos
En diciembre de 2010, después de los hechos de Formosa, Barracas y Villa Soldati,
el grupo publicó un repudio que es la mejor definición de sí mismo que escribió
nunca:
«Nuestra memoria se nutre con los recuerdos de los hechos vividos, y
recuerdo, que deriva del latín, significa volver a pasar por el corazón. Es
así cómo pasan por nuestro corazón abuelos gallegos, tanos, judíos, polacos, turcos.
Muchos de ellos que se cruzaron con criollos o directamente con hijos de esta tierra
americana que ya habitaban su suelo antes de que arribaran nuestros abuelos. Y nos
sentimos orgullosos de ello. Nuestro Grupo de Teatro se integra con un montón de
vecinos argentinos, algunos uruguayos, algunos bolivianos, colombianos; los hay
agnósticos, católicos apostólicos y romanos, protestantes, judíos… los hay rubios,
morenos, pelirrojos, negros y nos sentimos orgullosos de ello. El Épico no puede ni
quiere mirar hacia otro lado cuando se ataca, se discrimina y se asesina a vecinos de
diferentes etnias, culturas, nacionalidades. Nos afecta y nos duele como si fuésemos
uno solo.»
Grupo de Teatro Comunitario El Épico de Floresta · 12 de diciembre de 2010